Amada mía:
Siglos y siglos de estar acompañado y a la vez completamente solo y triste.
Si pudiera cambiar las cosas, si tan sólo pudiera regresar en el tiempo justo al momento antes de que él te hiciera suya sin más que su simple y única voluntad, sin siquiera preguntarte, sin siquiera permitirme a mi llegar. Qué tonto fui ese día, él sabía que te iría a ver y aprovechándose de que sabía por mi propia boca dónde estabas, me hizo creer que me esperarías en otro sitio, uno muy diferente a la montaña en la que habíamos quedado, uno completamente lúgubre….qué tonto fui.
He pasado eternidades intentando comprender cómo es que me dejé engañar tan fácilmente, no entiendo cómo creí en sus palabras “dijo que mejor te vería en la cueva del acantilado, esa a la cual es difícil llegar, pues ahí cualquiera que los buscara se la pensaría dos veces antes de meterse y no los molestaría”. Sí, un ingenuo total que se creyó todo ese cuento, esa trampa que seguramente él había estado tramando desde que se enteró que tú querías verme y que tenías algo que decirme ¿Por qué demonios tuve que confiar en él? ¿Por qué simplemente no me quedé callado y me guardé ese encuentro para ti y para mí?
Ese fue mi error, mi más grave error. Pero es que…era tanta mi emoción que no la podía conservar dentro de mí, tenía que propagarse, salir y ser compartida, contagiarse en los demás, incluso en él, en quien confié; en él que, fingiendo estar alegre por mi traicionó mi confianza e incluso ese lazo de familia que nos une.
Un buen hermano nunca hace eso, nunca te apuñala por la espalda y mucho menos toma por la fuerza lo que de manera voluntaria iba a pertenecer a alguien más…a mí.
Estuve tan cerca de lograr lo que tanto había querido, pues estoy seguro que tú deseabas lo mismo, ambos queríamos lo que iba a pasar; pero el destino es caprichoso y para nuestra mala fortuna se encaprichó con hacernos la vida miserable y para colmo una sería una vida inmortal.
Hoy me encuentro supuestamente casado, con una mujer que ni siquiera repara en mí, que nunca supo apreciar el cariño que le llegué a tener y que cuando lo hizo simplemente yo ya no lo sentía, y digo cariño porque mi amor sólo te pertenece a tí. Mi vida a su lado es una completa farsa pues ni siquiera le interesa lo que yo pueda hacer frente a ella, ya ni se diga a sus espaldas. ¿Qué si le he sido infiel? La verdad lo dudo. Por más que lo intentara simplemente no podría decir que lo hice pues ¿Cómo le puedes ser infiel a alguien que sólo te quiere por lo que tienes? Es más, ni siquiera me quiere a mí, ella quiere lo que tengo y lo quiere para ella. Esto no puede seguir así.
No puedo dejar de pensar que en otras circunstancias en las que en aquél remoto pasado todo hubiera salido bien y tú y yo hubiéramos logrado nuestros deseos mutuos del uno hacia el otro, habría otra situación en el presente para ambos. Estoy completamente seguro de que seríamos felices. Yo no hubiera tenido que recurrir a otros seres, dioses e incluso humanos para intentar encontrar lo que no tenía, aquello que me arrebataron al robarte la inocencia de esa manera tan desconsiderada y poco amable.
No puedo evitar llenarme de rabia al recordar todas y cada una de las promesas incumplidas que nuestro pequeño hermano te hizo, eso sin dejar de lado todo el daño que te ha causado con sus repetidas aventuras y su falta de tacto hacia ti. Dime ¿Qué hombre que ama a su mujer la somete a tan bárbaros castigos simplemente porque ella hizo algo que al señor no le pareció del todo? ¿Quién que se diga justo actúa sin esperar consecuencias a cambio de sus actos? Consecuencias que, además de todo, no acepta y las hace llamar “faltas de respeto hacia su persona”. Que no se olvide mi hermano “que ojo por ojo y diente por diente”, tarde o temprano todos esos actos irreverentes e inaceptables se volverán en su contra, multiplicados y aumentados.
Me he obligado a creer que el destino nos enfrentó con este camino tortuoso por una razón en particular: no era nuestro momento; teníamos que sufrir primero para después poder valorar aún más todo eso que sentíamos (o me atrevo a decir SENTIMOS) y en el momento apropiado, cuando nos diésemos cuenta de que lo que tenemos no es lo que deberíamos tener, reunirnos, pelear por nuestra causa y atesorar nuestro triunfo y nuestra nueva unión por el resto de la eternidad.
Ese momento ha llegado mi amada Diosa, ya es hora de ponerle un alto a nuestros pesares y afrontar la realidad, que no somos felices el uno sin el otro y que ya estamos listos para demostrar que nuestra existencia sólo será completa y real justo en el momento en que los dos nos reunamos, en el punto en el que unamos nuestro ser en uno solo y brillemos en lo alto del cielo como un enorme e infinito sol ardiendo en todo su esplendor. Estamos en la intersección donde nuestros espinosos caminos se unen para convertirse así en el sendero de nuestro futuro, del destino que nos ha tocado y tenemos por vivir, un destino negado en el principio de los tiempos y que hoy aparece ante nosotros como el fin de nuestra miseria.
Ven a mí, rindamos tributo a aquello que representas y demostrémosle a nuestros falsos e irrespetuosos consortes, ocupantes por siglos de un lugar que nunca les correspondió y que por derecho sólo tú y yo podemos reclamar. Permíteme ser tu hombre y permítete ser mi mujer. Vuélvete mi Reina y me volveré tu Rey y así gobernemos juntos nuestro ahora invencible reino…
Hera, mi Diosa y mi eterno amor, no hay Dios, monstruo, titán o fuerza que nos vuelva a separar, ni siquiera la furia de nuestro hermano Zeus; ni sus tretas ni sus trampas podrán esta vez con mi determinación, sabe bien que ni él ni nadie puede luchar contra la voluntad del destino.
Hoy comienza nuestra nueva vida. Te estaré esperando al ocaso justo ahí donde se une tu cielo con mi mar para, al fin, hacer de ellos nuestro propio horizonte.
Tu eternamente enamorado
Poseidón
Siglos y siglos de estar acompañado y a la vez completamente solo y triste.
Si pudiera cambiar las cosas, si tan sólo pudiera regresar en el tiempo justo al momento antes de que él te hiciera suya sin más que su simple y única voluntad, sin siquiera preguntarte, sin siquiera permitirme a mi llegar. Qué tonto fui ese día, él sabía que te iría a ver y aprovechándose de que sabía por mi propia boca dónde estabas, me hizo creer que me esperarías en otro sitio, uno muy diferente a la montaña en la que habíamos quedado, uno completamente lúgubre….qué tonto fui.
He pasado eternidades intentando comprender cómo es que me dejé engañar tan fácilmente, no entiendo cómo creí en sus palabras “dijo que mejor te vería en la cueva del acantilado, esa a la cual es difícil llegar, pues ahí cualquiera que los buscara se la pensaría dos veces antes de meterse y no los molestaría”. Sí, un ingenuo total que se creyó todo ese cuento, esa trampa que seguramente él había estado tramando desde que se enteró que tú querías verme y que tenías algo que decirme ¿Por qué demonios tuve que confiar en él? ¿Por qué simplemente no me quedé callado y me guardé ese encuentro para ti y para mí?
Ese fue mi error, mi más grave error. Pero es que…era tanta mi emoción que no la podía conservar dentro de mí, tenía que propagarse, salir y ser compartida, contagiarse en los demás, incluso en él, en quien confié; en él que, fingiendo estar alegre por mi traicionó mi confianza e incluso ese lazo de familia que nos une.
Un buen hermano nunca hace eso, nunca te apuñala por la espalda y mucho menos toma por la fuerza lo que de manera voluntaria iba a pertenecer a alguien más…a mí.
Estuve tan cerca de lograr lo que tanto había querido, pues estoy seguro que tú deseabas lo mismo, ambos queríamos lo que iba a pasar; pero el destino es caprichoso y para nuestra mala fortuna se encaprichó con hacernos la vida miserable y para colmo una sería una vida inmortal.
Hoy me encuentro supuestamente casado, con una mujer que ni siquiera repara en mí, que nunca supo apreciar el cariño que le llegué a tener y que cuando lo hizo simplemente yo ya no lo sentía, y digo cariño porque mi amor sólo te pertenece a tí. Mi vida a su lado es una completa farsa pues ni siquiera le interesa lo que yo pueda hacer frente a ella, ya ni se diga a sus espaldas. ¿Qué si le he sido infiel? La verdad lo dudo. Por más que lo intentara simplemente no podría decir que lo hice pues ¿Cómo le puedes ser infiel a alguien que sólo te quiere por lo que tienes? Es más, ni siquiera me quiere a mí, ella quiere lo que tengo y lo quiere para ella. Esto no puede seguir así.
No puedo dejar de pensar que en otras circunstancias en las que en aquél remoto pasado todo hubiera salido bien y tú y yo hubiéramos logrado nuestros deseos mutuos del uno hacia el otro, habría otra situación en el presente para ambos. Estoy completamente seguro de que seríamos felices. Yo no hubiera tenido que recurrir a otros seres, dioses e incluso humanos para intentar encontrar lo que no tenía, aquello que me arrebataron al robarte la inocencia de esa manera tan desconsiderada y poco amable.
No puedo evitar llenarme de rabia al recordar todas y cada una de las promesas incumplidas que nuestro pequeño hermano te hizo, eso sin dejar de lado todo el daño que te ha causado con sus repetidas aventuras y su falta de tacto hacia ti. Dime ¿Qué hombre que ama a su mujer la somete a tan bárbaros castigos simplemente porque ella hizo algo que al señor no le pareció del todo? ¿Quién que se diga justo actúa sin esperar consecuencias a cambio de sus actos? Consecuencias que, además de todo, no acepta y las hace llamar “faltas de respeto hacia su persona”. Que no se olvide mi hermano “que ojo por ojo y diente por diente”, tarde o temprano todos esos actos irreverentes e inaceptables se volverán en su contra, multiplicados y aumentados.
Me he obligado a creer que el destino nos enfrentó con este camino tortuoso por una razón en particular: no era nuestro momento; teníamos que sufrir primero para después poder valorar aún más todo eso que sentíamos (o me atrevo a decir SENTIMOS) y en el momento apropiado, cuando nos diésemos cuenta de que lo que tenemos no es lo que deberíamos tener, reunirnos, pelear por nuestra causa y atesorar nuestro triunfo y nuestra nueva unión por el resto de la eternidad.
Ese momento ha llegado mi amada Diosa, ya es hora de ponerle un alto a nuestros pesares y afrontar la realidad, que no somos felices el uno sin el otro y que ya estamos listos para demostrar que nuestra existencia sólo será completa y real justo en el momento en que los dos nos reunamos, en el punto en el que unamos nuestro ser en uno solo y brillemos en lo alto del cielo como un enorme e infinito sol ardiendo en todo su esplendor. Estamos en la intersección donde nuestros espinosos caminos se unen para convertirse así en el sendero de nuestro futuro, del destino que nos ha tocado y tenemos por vivir, un destino negado en el principio de los tiempos y que hoy aparece ante nosotros como el fin de nuestra miseria.
Ven a mí, rindamos tributo a aquello que representas y demostrémosle a nuestros falsos e irrespetuosos consortes, ocupantes por siglos de un lugar que nunca les correspondió y que por derecho sólo tú y yo podemos reclamar. Permíteme ser tu hombre y permítete ser mi mujer. Vuélvete mi Reina y me volveré tu Rey y así gobernemos juntos nuestro ahora invencible reino…
Hera, mi Diosa y mi eterno amor, no hay Dios, monstruo, titán o fuerza que nos vuelva a separar, ni siquiera la furia de nuestro hermano Zeus; ni sus tretas ni sus trampas podrán esta vez con mi determinación, sabe bien que ni él ni nadie puede luchar contra la voluntad del destino.
Hoy comienza nuestra nueva vida. Te estaré esperando al ocaso justo ahí donde se une tu cielo con mi mar para, al fin, hacer de ellos nuestro propio horizonte.
Tu eternamente enamorado
Poseidón

0 Críticas criticosas:
Publicar un comentario en la entrada